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lunes, 2 de julio de 2012

Entrevista con Rosana Gutiérrez

Rosana Gutiérrez, aunque niegue todas las acusaciones, es escritora.
Desde febrero de 2002, a pocos meses de la última gran catástrofe presidencial argentina, publica textos en su blog Resacas, mitad para delinear una historicidad plausible de ser examinada mediante dispositivos filosóficos bien modernos, mitad para reírse de casi todo. Algunos cuadros diseminados en las paredes de su casa, insinúan un pasado en artes plásticas. Ella rechazará méritos, disfrazará todo con más bromas, y será o no será escritora, pero el hecho es que se ha editado un libro bajo su autoría: Consideraciones acerca de tutiplenes y otros frutos de mar (Aurelia Rivera, 2008), y dirige un taller literario.
Vive en Hurlingham, Provincia de Buenos Aires.

Taller Literario Resacado: rosi.gutierrez(arroba)gmail.com
Consideraciones... en línea


* * *

—¿Qué fue lo primero que leíste? ¿Qué fue lo primero que escribiste?

—Lo primero significativo que recuerdo haber leído es Shunko de Jorge Ábalos. Estaba en quinto grado y mi maestra me dijo que era un desastre y que nunca iba a llegar a nada. Era escritora, mi maestra. Después, con ella empecé un “taller de libre expresión” en William Morris (que por entonces era una villa) y conocí autores como él, Lugones, Horacio Quiroga, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni. Mucho no entendía de poesía pero me gustaba. Gladys, la señorita, me hizo “publicar” mi primer libro de cuentitos y poemas ilustrados. Un solo ejemplar artesanal, encuadernado por mí, cosido y todo. También hizo que mantuviera una linda correspondencia (en papel, con sobre y estampilla, ¡ojo!) con Elsa Bornemann que es la mejor cuentista infantil del mundo y además usaba un papel para cartas con dibujos hermosos que te hacían sentir muy especial. 
También leía en la biblioteca del colegio. Para escaparme de las clases aburridas me ofrecía a ayudar a la bibliotecaria y eran momentos muy felices. Otra fuente inagotable de lectura era mi mamá que traía pilas de libros que le prestaba una compañera de trabajo y yo me hacía panzadas de best sellers y otras cosas geniales.
Y lo bueno de Shunko es que aprendí un par de frases en quechua que fueron muy útiles para conseguir buenos empleos y ganar mucho dinero.

Rosana entre tutiplenes.

—Tu libro Consideraciones acerca de tutiplenes y otros frutos de mar (2008) es una colección diversa de géneros literarios y de registros discursivos. ¿Cómo creés que repercute esa miscelánea en el lector? ¿El humor es el componente fundamental de tus invenciones?

—Por los comentarios que recibí, creo que las personas que lo leyeron se divirtieron bastante e incluso algunas pudieron descifrar más del sesenta por ciento de los mensajes intertextuales del asunto, pero hay que decir que básicamente al libro lo leyeron amigos, gente que leía lo que publicaba en mi blog, conocía los códigos que vos llamás registros discursivos. Yo no sé explicar el libro. Cuando me preguntan de qué trata no sé que decir. Digo “relatos cortos de humor”, es lo más simple, pero me han dicho cosas mucho más complejas y también algunas irreproducibles. Creo que hay una gran parte de identificación, que el sarcasmo y el absurdo garpan, y que de eso se trata todo.
Y cuando digo todo digo todo, incluyendo la vida misma (risas) (la palabra “risas” en las entrevistas son como los “jajajá” del chat o el mail o todo lo que sea comunicación de Internet, ¿no?).
No sé, hay muchas cosas que me parecen muy estúpidas y no entiendo. Tal vez por eso escribo tutiplenes, para entender. Y capaz que el que los leyó alguna vez pensó algo parecido y dijo: “Oh, mirá vos, la mina esta”.
Con respecto al humor: es el componente fundamental de todo lo que hago, excepto que justo esté de mal humor en ese momento.

—Tu blog
Resacas transitó (y resistió, en su historia), varias modas: blogs, flogs, redes sociales, etc. ¿Qué reflexión te merece la actualidad de internet?

Una porquería en la que estamos encerrados con pocas posibilidades de escape. Tengo serios ataques de melancolía de la “época de oro” de los blogs, cuando las editoriales incluso descubrían a alguien que tenía éxito y le publicaban un libro y pasaban cosas hermosas como estar todo un día enganchada con los comentadores que siempre hablaban de cualquier cosa menos de lo que estaba escrito ahí. Era muy divertido. Yo estaba realmente motivada, cosa que ahora casi no sucede. A Resacas le tengo que agradecer montones de cosas a nivel profesional, pero sobre todo haber conocido gente increíble, amigos, amores; fueron tiempos muy lindos. Lo curioso es que estamos hablando de ¿cinco años?, más o menos. Todo fue demasiado vertiginoso, Internet te da una idea muy clara de lo efímero, todo es pasajero y moda.
Después las redes sociales fagocitaron a todos y si querés relacionarte con gente, compartir lo tuyo o, simplemente perder el tiempo (que es en realidad la única función útil que les encuentro), no podés quedarte afuera. Se aprenden cosas sobre animales maltratados, sobre política, hay mucho aforismo, videos que vimos mil veces y fotos graciosas. En fin, una porquería.
Hice un intento de reflotar el blog. De hecho estoy publicando con poca regularidad pero sigue ahí. Podría decirse que se acabó la joda pero sin embargo sigo porque pienso que la única manera de no parar definitivamente y dedicarme por completo a leer memes es escribir y publicar. Y mis blogs son como mi editorial propia.

—Reflexionemos un poco más. Si las tragedias unen a la gente, ¿las pelotudeces las separan? Ahora, hablando en serio, y teniendo en cuenta que Kafka es uno de tus autores predilectos, ¿no te parece que cuando se mezclan la tragedia y la estupidez sobreviene el absurdo?

—Las tragedias unen en general a los involucrados en ellas. El resto son espectadores a los que les chupa un huevo lo que pasa, hasta que se ven involucrados y así las cosas. Las pelotudeces son el caldo gordo de los psicoterapeutas lacanianos, de los programas de chismes y de las redes sociales.
Pero claro, hay todo un género que se ocupa de eso. Incluso la vida también lo hace. De todas maneras el Señor Absurdo, muchas veces nada tiene de trágico o de pelotudo.
Anécdota: cuando cumplí 15 años me hicieron una fiestita como cualquier otra en mi casa. La diferencia fue que vino mi tío Osvaldo que nunca había venido para provincia. Me trajo de regalo un paraguas. ¿No es absurdo regalarle un paraguas a una quinceañera? De este tipo de cosas que veo cotidianamente suelen salir los tutiplenes. 


—¿Qué estás leyendo ahora?

Dublinesca, de Vilas-Matas. Me lo regalaron para mi cumpleaños y a pesar de que tengo otros empezados no me pude resistir y le estoy dando masita. Ya voy por la cuarta página y todavía no me aburrí (risas).


—¿Qué te gustaría hacer en el futuro?

Hacer todo lo posible para llamar la atención de Alejandro Jodorowsky ahora que lo tengo en Twitter.
Y por supuesto no trabajar. Nunca más.