En 1938 recibí de la oficina de Disney en EEUU un pedido de permiso para usar La consagración en una película de dibujos animados. El pedido iba acompañado por la amable advertencia de que, si no se otorgaba el permiso, la música se usaría de todos modos. (Como La consagración era rusa no tenía copyright en los EEUU). (...). Vi la película con George Balanchine en un estudio de Hollywood en la navidad de 1939. Recuerdo que alguien me ofreció una partitura de la obra; cuando les comenté que yo ya tenía una, contestaron: “Pero cambiamos todo”. Y era cierto. Habían mejorado la instrumentación con proezas tales como poner los glissandi de los cornos franceses una octava más alta en la “Danza de la tierra”. Alteraron el orden de las composiciones, y eliminaron las más difíciles, pero el desempeño musical no se salvó: era execrable. No opinaré sobre el complemento visual, porque no quiero criticar una supina imbecilidad. Si diré, sin embargo, que el enfoque musical de la película patrocinó una peligrosa confusión
Versión en inglés: Igor Stravinsky, Robert Craft, Expositions and Developments, pgs. 145-6. (Google Books).